Donde el Viento Aprende a Danzar.

  • 4 de febrero de 2026

  • Alix Rocio

Una maravillosa obra puesta que despliega infinitas emociones solo al contemplarla

Engalanado por la luz que lo habita,
majestuoso señor de bosques,
campos y ciudades,

ignorando a propósito la intemperie,
impregnas el aire de fragancias vivas.
Tu presencia es grandeza:
en tu sombra nace firme el abrigo,
y el transeúnte, se detiene en silencio
sorprendido,
contemplando
tu irradiante belleza…

¿Cómo lo haces, día tras día?,
con el vaivén de hojas que danzan
frente al talador humano,
ciego de prisa y esperanza rota.

Aferrado a tus raíces de savia,
sientes la zozobra del desarraigo,
de la tierra que llamaste hogar y
el pulso que te sostenía.

Con delirio conmovedor la abrazas,
anhelando su íntimo refugio;
al final te rindes,
con el viento, desorientado,
aprendiendo a callar entre el concreto.

Miras con nostalgia,
inspiras la vida que aún brota de tu esencia,
mientras el mañana, incierto,
avanza con avaricia ensordecida.

Entonces tu latido clama: ¡Basta ya!
y el universo, en su esplendor,
palidece y escucha.

 H.R